Una introducción:

Espacio destinado a mostrar nuestras experiencias en el campo de la Viticultura Atlántica. Quizás donde podamos decir en este momento que existe un gran potencial para el desarrollo de muy buenos vinos blancos y donde gran parte del camino está aún por hacer. Eso es lo apasionante del tema.

Una introducción:

Contacto: amaltea@galicia.com

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Hemos añadido un nuevo apartado de DOCUMENTACIÓN

En este apartado estamos incluyendo publicaciones y documentos de interés que se pueden encontrar por la red, tanto de viticultura como de enología

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Lagares romanos

LAGARES Y LAGARETAS RUPESTRES EN GALICIA

Interesante documentación que pone Luís Paadin en su página, publicado también en la Voz de Galicia.

Documentación original aquí.

Hago un resumen (textos de L. Paadin):

 

 

 

2000 años en el olvido: A pesar de ser la prueba física más antigua de la presencia fehaciente del origen milenario de la producción de vino en Galicia, la atención sobre ellos ha sido mínima, tanto por parte de Patrimonio, como del propio sector, Rutas de Vinos, CC.RR. y bodegas. Al contrario que en otras zonas, en Galicia, hasta la fecha no se les ha reconocido el valor que se merecen y llevan condenados en este ostracismo cerca de 2.000 años.

Las bodegas son prácticamente iguales en todo el mundo, pero pocas zonas vitivinícolas tienen un testimonio tan fiel de esta tradición y aquí seguimos sin verlo. Presentarlos a la opinión pública ayudará a entender que nuestros vinos son herederos de una tradición cultural milenaria que es patrimonio de todos los gallegos.

En otras regiones productoras como La Rioja, Levante, o Extremadura, sí están inventariados y son utilizados como un reclamo turístico

Los arqueólogos del vecino Portugal han sido, con diferencia, quienes más prospecciones arqueológicas han realizado sobre este tipo de lagares. Toda esta información ha servido para que muchas “freguesías” vecinas lo incorporen en sus atractivos turísticos.

Estos lagares, todos ellos están escavados en roca natural y muchos de ellos son coetáneos de la originaria Torre de Hércules o las Murallas de Lugo y con más de mil años de antigüedad que la Catedral de Santiago, no se merecen terminar como muros de contención o en este ignominioso olvido.

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Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 4.500 veces en 2011. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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LA FILOXERA EN GALICIA

(resumen centrado en Galicia de un artículo de Piqueras Haba)

RESUMEN

(si quieres una versión en pdf, pulsa aquí)

La filoxera es una enfermedad de origen americano que fue introducida en Europa hacia 1863 junto con plantas importadas de Estados Unidos. A partir de 1868 destruyo rápidamente los viñedos del sur de Francia, provocando una espectacular exportaci6n de vinos de España y la consecuente expansión del viñedo en nuestro país. La plaga llego a España en 1878 por tres focos: Girona, Málaga y la frontera portuguesa del Duero, pero su difusión fue relativamente lenta, pues tardó más de 45 años en llegar al corazón de La Mancha. La zonas más tardíamente afectadas (Rioja, Cariñena, Requena, Jumilla, Tierra de Barros y La Mancha) conocieron una fuerte expansión de sus viñedos, aprovechando la destrucción que padecían los de Cataluña, Andalucía o la cuenca del Duero. De esta suerte, al final de la crisis, hacia 1930, el mapa del viñedo en España era bien diferente del que había en 1875.

INTRODUCION

Aunque la enfermedad no entró en España hasta 1878, se puede adelantar el comienzo del “periodo filoxérico” hasta por lo menos el año 1872, cuando los efectos destructivos de la misma en el viñedo francés empezaron a notarse en la demanda exterior de vino español y en una aceleración de las nuevas plantaciones de vides en nuestro país. El final del mismo podría fijarse hacia 1930, toda vez que las últimas provincias declaradas “oficialmente” filoxeradas lo fueron en 1918, pero sus secuelas habrían de durar algunos años más. Todavía en 1953 el insigne agrónomo Pascual Carrión seguía escribiendo sobre la reconstitución de los viñedos filoxerados. A fin cuentas, no hay que olvidar que hoy, a comienzos del siglo XXI, hay grandes superficies vitícolas en el corazón de La Mancha, en Murcia y en la Meseta del Duero que no han sido afectados por la plaga, sin olvidar que nunca llegó a las islas Canarias.

El retraso con el que la filoxera llegó a España y su lenta propagación favoreció en gran manera a muchas regiones vinateras que conocieron entonces una autentica “Edad de Oro”, por los grandes beneficios que los productores de uva alcanzaron, al tiempo que la premura en realizar nuevas plantaciones propició la formación de una estructura dual de la propiedad vitícola, especialmente notable en el interior valenciano (Requena y Utiel), en Murcia, en la Mancha, en Extremadura y en la Litera oscense. Gracias a los peculiares contratos de “plantación a medias” la propiedad fue repartida y la aparición de grandes cosecheros estuvo acompañada por una multitud de pequeños cosecheros, proceso que mereció ya entonces las alabanzas de los juristas de la Comisión de Reformas Sociales (1891) y del regeneracionista Joaquín Costa (1902).

Fue aquella además una etapa en que la fuerte demanda de vino y las mismas crisis biológicas de las viñas (oídio, mildiu, filoxera) propiciaron también grandes innovaciones  y adelantos en el sector. La necesidad de adaptarse a las nuevas condiciones de cultivo hizo que aquellas novedades que no exigían gran desembolso económico y eran básicas para seguir en el negocio fueran pronto admitidas por todos los viticultores (aunque los primeros en adoptarlas fueran los más ricos e informados). Este sería el caso del arado viñero de cultivo e incluso del malacate de desfonde, o de los tratamientos anti criptogámicos (azufrado y sulfatado), así como la replantaci6n con pies americanos inmunes a la filoxera. En cambio, en el plano enológico, en el que la construcción de grandes bodegas y la compra de utillaje moderno (prensas, estrujadoras, etc.) exigían un fuerte desembolso de capital, los únicos “innovadores” y beneficiarios a un tiempo, fueron los grandes cosecheros.

A partir de comienzos del siglo XX y debido a la superproducci6n de vino y a la competencia de otros cultivos más rentables, algunas regiones vinateras no replantaron los viñedos destruidos por la filoxera. Dentro de la franja litoral mediterránea hay ejemplos bien notorios en comarcas de larga tradición vitícola en las que la vina desapareció en aras del naranjo o del almendro (Benicarló, Sagunto, Denia, Alicante, Málaga), mientras que en otras, donde apenas había tenido importancia antes de 1850 y donde la única alternativa eran los cereales, el viñedo adquirió carácter de monocultivo. Así ocurrió en tierras de secano del interior como la Meseta de Requena, el Altiplano de jumilla-Yecla, muchas zonas de La Mancha y la Tierra de Barros, regiones todas ellas que hoy se

cuentan entre las mayores productoras de vino de España (2/3 del total), cuando antes del episodio filoxérico apenas tenían importancia.

NATURALEZA Y ORICEN DE LA FILOXERA UN MAL QUE VIENE DE AMERICA

Figura 1. Descripción de la Filoxera en todas sus fases según un dibujo de finales del siglo XIX.

La filoxera es un minúsculo insecto procedente de América del Norte que se alimenta de las raíces y hojas de la vid. Su proceso de reproducción es muy complejo y da lugar a cuatro tipos de individuos que se encargan de propagar la especie por las raíces y hojas de la propia cepa donde han nacido, pudiendo pasar por debajo del suelo hasta la cepas vecinas (expansión “en mancha de aceite”), o bien emigran volando a otras cepas. El viento y el propio hombre, con su calzado, ropas y utensilios

empleados en el laboreo, como el arado, suelen ser tan buenos propagadores como los insectos alados. Los insectos radicícolas son los que destruyen las raíces de las vides causándoles la muerte, pero para su desarrollo necesitan unos suelos apropiados. Por eso, la capacidad de dispersión y reproducción de la filoxera depende en primer lugar de las condiciones edáficas y, en menor medida, de las climáticas. Los suelos arcillosos, al formar grietas, favorecen la dispersión subterránea; en cambio, los arenosos impiden su propagación al no dejar fisuras por donde pueda caminar el insecto. Además, los suelos arenosos admiten la impregnaci6n uniforme de agua, algo que las filoxeras radículas no  pueden resistir por mucho tiempo sin ahogarse. En España los viñedos sobre arenas se localizan básicamente en La Mancha y al sur del rio Duero (provincias de Valladolid y Segovia) y, en menor medida, en el Ribeiro orensano, en La Mata (Alicante) y en Rota,

Chipiona y El Puerto de Santa María. Tampoco puede penetrar la filoxera en suelos muy profundos, como son los de vega, donde el contenido de arenas es además muy alto. De manera particular, los glacis de costra calcárea de zonas áridas (jumilla, Yecla y Villena) son también una barrera física infranqueable para la plaga. Las bajas temperaturas de latitudes septentrionales y las altas de zonas meridionales limitan también su capacidad de reproducción.

Los daños de la filoxera varían también según el tipo de vid, ya que no es ella sola la que mata directamente la cepa sino que lo hace con la ayuda de hongos y bacterias (Fusarium, etc.), que necrosan y pudren las raíces. En el caso de la Vitis Vinifera o vid Europea, las picaduras de la filoxera en las raicillas muy finas provocan nudosidades, unas hipertrofias de los tejidos que se pudren y provocan su muerte.

Cuando las raíces son más gruesas las picaduras dan lugar a unos tumores globosos, denominados tuberosidades, en cuyas depresiones centrales el insecto pone sus huevos, con un proceso degenerativo que facilita la entrada de hongos y bacterias que acarrean la muerte de la raíz y de la cepa, Las Vides Americanas tienen la ventaja de que apenas forman nudosidades y tuberosidades, por lo que la filoxera puede alimentarse de sus raíces sin provocarles la muerte. Estudiada por primera vez en Estados Unidos donde Henry Shimer (1867) la denominó Dactylosphaerea vilifolii, sin embargo fue el francés Planchon quien en 1868 le puso el nombre de Phylloxera vastatrix que ha sido el más empleado hasta nuestros días,

INTRODUCCION Y DIFUSION DE LA FILOXERA EN EUROPA

Sobre su introducción en Europa se ha especulado mucho y hoy sabemos que se produjo a la vez por varios puntos (Francia, Portugal, Alemania, Austria) como consecuencia de la importaci6n de vides americanas resistentes al oídio a partir de 1856. Se da por seguro que la principal transmisora fue la variedad Isabela, originaria del estado de Georgia, muy apreciada en Europa por su resistencia al oídio pero muy sensible a la filoxera, Su posterior difusión por toda Europa, incluidas varias islas del Mediterráneo, estuvo motivada también en gran medida por el comercio de vides americanas y no sólo por dispersión natural del insecto.

El caso más conocido es el francés. Los dos primeros focos franceses se produjeron casi de forma simultánea en el año 1868 en Burdeos y Card y en los cinco años siguientes se extendieron rápidamente por las regiones circundantes invadiendo prácticamente toda la mitad meridional de Francia. En 1879 el foco del Midi llegó a la frontera española por Girona y a la italiana por lmperia.

La propagación de la plaga se aceleró a partir de 1880 y en 1895 había llegado hasta el último rincón de Francia, con la destrucció6n de más de dos millones de hectáreas de viñedos, de las que sólo una tercera habían sido repuestas con pies americanos por las mismas fechas. La producción de vino de Francia cayó de forma espectacular de 57 millones de hectolitros en 1870 a sólo 27 en 1895, lo que obligaba a Francia a tener que importar grandes cantidades de vino de España e ltalia para atender el mercado interno. A comienzos del siglo XX la producción francesa volvía a ser suficiente para satisfacer la demanda interna y cesaron las importaciones.

Por las mismas tempranas fechas de 1868, era detectada la enfermedad en Chequia, Austria y zonas limítrofes, parándose su extensión por los Balcanes.

En Alemania, los viñedos del Rin y sus afluentes Mosela fueron invadidos por la filoxera entre 1874 y 1900, aunque sus efectos destructivos fueron aquí mucho menores debido a las dificultades climáticas.

ltalia fue, junto con España, el otro gran país vitícola en donde la filoxera llegó y se propagó con bastante retraso con respecto a Francia, y por lo mismo se benefició del mercado entre 1870 y 1900.

DIFUSION Y EFECTOS DE LA FILOXERA EN LA PENINSULA IBERICA

Su entrada en la Península ibérica tuvo lugar durante los años 1870 por tres frentes bien distantes entre sí: Oporto. Málaga y Girona. Los dos primeros fueron provocados por la importación de pies americanos. El tercero se produjo por la invasión natural desde. Posteriormente habría al menos otros focos provocados por la compra de pies americanos, siendo los de mayor repercusión los de Mallorca (1891), Pamplona (1896) y, ya más tarde, los de Valencia (1905-1906).

Un tratamiento habitual en este momento era tratar las viñas filoxeradas mediante la sumersión en agua y la aplicación de sulfuro de carbono (40 gr/m²), que actuaba como insecticida, medidas ambas muy practicadas en Francia con resultados ambiguos, ya que no habían conseguido erradicar la plaga pero detenían parcialmente su avance.

LA DIFUSIÓN DE LA PLAGA POR LAS CUENCAS DEL DUERO Y DEL MIÑO

Figura 4. Difusión de la Filoxera en el noroeste peninsular: 1872-1909.

La plaga se extiende desde una plantación particular en Gouvinhas, debida a la importación de pies americanos. Ya en 1878, después del fracaso de los tratamientos de sulfuro de carbono, se empiezan a replantar las viñas con pies americanos. La plaga entra en Galicia por el sur en 1882

LA FILOXERA EN GALICIA: LOS VIÑEDOS DEL MIÑO Y DEL SIL

Siguiendo un orden cronológico el foco portugués llega antes a Galicia que a la zona de Salamanca. El proceso de difusión de la filoxera en Galicia ha sido ya detenidamente estudiado por los geógrafos Huetz de Lemps (1967) y Santos (1992), cuyas conclusiones vamos a intentar resumir aquí. En la etapa previa a ser invadido por la filoxera, y debido a la gran humedad de su clima, el viñedo gallego venía atravesando ya una mala racha por culpa de los repetidos ataques de oídio, la otra gran plaga de origen americano que entró en Europa hacia 1845 y que sería la responsable de la extinción casi total de los viñedos del norte de Lugo y de las zonas más expuestas al Atlántico de La Coruña y Pontevedra. Por si fuera poco, Galicia no participó en la bonanza comercial que entre 1872 y 1892 afectó a otras regiones vitícolas de España, siendo las causas principales el tradicional vino blanco gallego y, más que nada, la baja graduación de sus vinos (el mercado francés pedía tinto y mucho grado), así como la falta de infraestructuras para el transporte, ya que casi todas sus líneas férreas, especialmente las que afectaban a las comarcas vitícolas, no fueron construidas hasta después de 1885.

Tras ser detectada en Vi!ardevós, lugar próximo a la frontera con Portugal, en 1882, la filoxera se extendió en los dos años siguientes por toda la cuenca alta del Tamega, invadiendo los viñedos de Verin, Monterrei y Riós, antes de salvar la Sierra de Servoi y pasar en 1885 al valle del Bibei, donde atacó los viñedos de Viana do Bolo. Siguiendo el curso del valle pronto llegó a las riberas del Sil a la altura de la Puebla de Trives, donde se desdobló en dos ramales. Uno tomó rio arriba por los viñedos de 0 Barco de Valdeorras (1887) y El Bierzo (1889) y allí siguió hasta las mismas fuentes del Sil y cruzó la cordillera Cantábrica para dejarse caer sobre el valle del Narcea en cuyos viñedos de Tineo fue detectada la plaga en 1890. El segundo ramal, tomando rio abajo desde Trives, invadió los viñedos de Quiroga y Monforte y llegó por fin a las riberas del Miño en 1887 (Chantada y Ourense), donde la filoxera frenó su difusi6n al topar con suelos poco propicios para su desarrollo como eran las arenas silíceas y esquistos donde se cultivaban la uvas del Ribeiro. A pesar de su cercanía de Ourense a Rivadavia la plaga tardó todavía tres años en llegar.

Mientras tanto otro foco, también procedente de Portugal pero ahora por la parte del litoral (región del Vinho Verde), salvó el amplio cauce del Miño a la altura de Salvatierra (1899) y desde allí se extendió lentamente rio arriba hasta Creciente (1906) y hasta el norte de Galicia, llegando a los viñedos de Betanzos ya en 1907. Segtin Huetz de Lemps la misma humedad que favorece el desarrollo del oídio fue la que impidió una más rápida propagación de la filoxera, que no gusta de ambientes tan acuosos.

Poco se pudo hacer para luchar contra la plaga como no fuera la sustitución de las vides autóctonas por plantas americanas, ya que para estas fechas ya estaba claro que ni el sulfato de carbono ni la inundación de las viñas lograrían evitarla. Los primeros viveros de planta americana se abrieron en Viloria, cerca de 0 Barco de Valdeorras en 1887.

La Diputaci6n de Lugo hizo otro vivero en Monforte pero fue pronto clausurado. Sin embargo, y como ocurrió en otros lugares, fueron los viveristas catalanes quienes mas planta suministraron a los viticultores gallegos durante las primeras décadas de repoblación.

Los portainjertos mas utilizados, al igual que en Oporto y a tono con el tipo de suelos y los altos niveles de humedad fueron los de Rupestris de Lot (hoy sigue siendo el mas extendido) y los de Riparia. También habrían de alcanzar gran profusión algunos híbridos productores directos como el Jacquez, que empezó a propagarse muy tempranamente, en 1888, y habría de tener una larga historia.

Con todo, la propagaci6n de la filoxera no fue en Galicia tan rápida y virulenta como en otras regiones de España. La resistencia que ofrecían tanto el tipo de suelos (arenas y esquistos) como el clima muy húmedo, permitió ir reponiendo las viñas enfermas sin que se notase mucho la regresión superficial. En el momento en que hizo su aparición la plaga se calcula que había en Galicia poco más de 31.000 hectáreas de viñedo, que habían descendido a 21.800 a comienzos del siglo XX, en los momentos de paroxismo, y volvía a ser de 27.800 en 1915 y de 31.000 en 1926, cuando se daba ya por superada la crisis. Por tanto, se puede decir que los efectos destructivos de la filoxera pudieron ser reparados casi en su totalidad. En cambio, y como muy bien señala Huetz de Lemps (1967, 549) la plaga de oídio había sido mucho más determinante ya que logró erradicar el viñedo de la rías cantábricas (Otigueira, Vivero, Foz, etc.) y lo redujo drásticamente en las atlánticas (Ferrol, Muros, Arousa, Pontevedra y Vigo).

La replantación e injertado de nuevos viñedos trajeron consigo un cambio sustancial en las variedades dominantes en Galicia. Las cepas tradicionales autóctonas, como las Mouraton, Albarello, Godello y Treixadura, fueron sustituidas en la mayor parte de los casos por otras más productivas y resistentes a las plagas criptogámicas, tales como la tinta Mencía, introducida en 1880 en Valdeorras, y la Alicante-Bouschet o Garnacha Tintorera, que llevaron en 1889 a Valdeorras unos viveristas de Lleida. Entre las variedades blancas la nueva reina seria la Palomino o Listan, importada de Jerez hacia 1889 (SANTOS, 1992).

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VINO ROMANO o El vino con “SABOR A FRESA”

Existe toda una serie de vinos de carácter tradicional y sin comercialización por los canales habituales, ligados a híbridos de producción directa (en adelante HPD).

Son plantas aún insuficientemente estudiadas a nivel científico, pero que tienen un importante desarrollo a nivel de autoconsumo en muchas zonas de nuestro país, aunque han sido proscritas por las autoridades, prohibiendo su comercialización e incluso su cultivo a nivel privado. No sólo poco estudiadas, sino incluso intencionadamente ignoradas.

Una de estas variedades es lo que se conoce como Vino Romano, que se extiende por la zona de la costa de Ferrolterra: Ares, Pontedeume, Miño. Incluso se puede encontrar en Carral, Arteixo o Carballo, además de otras localidades próximas. Vemos que, en general, se cultivan en zonas donde no hay claras variedades autóctonas establecidas de vid. Excepción podría ser Betanzos, donde también existe, pero que, debido a la presencia de la denominación Vinos da Terra de Betanzos, hace que los cultivadores vayan más bien a las variedades reconocidas por ésta, como pueden ser el mencía en tinto o el blanco lexítimo y agudelo en blanco. Pero su extensión llegar a ser más amplia, pudiéndose encontrar también en la zona de Ortegal. Así podríamos establecer de forma aproximada toda la costa coruñesa desde Finisterre hasta Ortegal y en ayuntamientos limítrofes, con alturas inferiores a unos 300-400 metros.

Son vinos que suelen ser bastante espumosos, con sabores a frutas silvestres que hace que se les llegue a llamar vinos con “sabor a fresa”.

El origen

Más mítica que realmente, se considera que este nombre proviene del vino que introdujeron los romanos en esta zona, aspecto científicamente muy discutible. Hoy en día se suele establecer su origen en un híbrido del siglo XIX de vitis vinífera y vitis labrusca (de ahí lo de romano), plantas que se introdujeron con la aparición de la filoxera, por su resistencia a ésta.

La Vitis labrusca, en algunas zonas de Estados Unidos como Washington se cultiva bastante para confituras, zumos, etc, y a veces para hacer vinos, también con aromas de fresa o afrutados. La variedad principal es la Concorde, que es labrusca pura o con un pequeño porcentaje de vinifera. En la zona de Missouri, Virginia y estados colindantes utilizan otra vid autóctona, Vitis aestivalis, para hacer vino, y lo prefieren al de vinifera, de hecho V. aestivalis es la uva “oficial” de Missouri. La principal variedad es la Norton, de la que la Cynthiana parece ser sinónima.

La Vitis labrusca, es una de las vides americanas que se trajeron con la filoxera, para que sirviera de pie sobre el que injertar las variedades de vitis vinifera; la coincidencia con el lambrusco no realmente de qué viene, si el romano fuera cierto que procede de una hibridación de ambas vides, explicaría la cuestión. También otra pista puede ir por la variedad de uva que en Italia da un vino que denomina fragola (fresa) por el sabor tan a fresa que tiene.

La filoxera

Seguramente la filoxera apareció en Europa al empezar la importación de cepas americanas por la buena resistencia que tenían a las plagas criptográmicas (de hongos) pero eran sensibles a la filoxera.

Con su expansión las plantaciones europeas se arruinan hasta la casi desaparición y comienzan las experimentaciones para solucionar este grave problema.

Un adelanto fue cuando se observa que las cepas americanas plantadas eran resistentes a la filoxera, aunque estuvieran rodeadas de otras cepas plagadas. No fue solución definitiva pues las uvas producidas eran de peor calidad que las autóctonas.

Otro avance fue detectar que en Europa el insecto atacaba las raíces hasta destruir la planta pero en América se instalaba solo en hojas haciendo un daño mucho menor. Así se comprueba que si se injerta en un pie americano cualquier variedad vitis vinífera europea se consigue que la parte enterrada americana resista al parásito y la parte aérea de uvas de calidad de la variedad injertada.

Entre las muchas experimentaciones hechas en esta época se descubre que los HPD, cruces de cepa americana y europea, combaten mejor a los hongos que los injertos anteriores. La razón es que el hongo (mildiu, oidio) ataca a las hojas y así como en un injerto la parte americana (protectora) está debajo de la tierra en un híbrido la parte americana está presente en toda la planta protegiendo a las hojas.

Empezó a extenderse esta solución en los sitios húmedos europeos para combatir a los hongos y a la filoxera a la vez (aunque también daba problemas gustativos, pérdida de calidad aromática y menor protección filoxérica que el injerto).

Otro de los graves problemas consecuencia de la filoxera fue la introducción, una vez descubierta la resistencia de los injertos sobre patrón americano, de variedades foráneas, que sustituyen hasta llevar a la casi extinción a la mayor parte de variedades locales pre-filoxéricas.

Galicia, León, Palencia, Castellón,  fueron algunos puntos de España en los que se extendieron los HPD. Se unía a la resistencia a las enfermedades su alta producción de uva. Fue mucho más tarde, en 1.955 cuando se prohíbe la plantación y venta de HPD; luego en 1.970 se afina la ley añadiendo la prohibición a las replantaciones (substituciones) tanto de producir directamente uva como de utilizarlo de porta injertos.

Los motivos que se dieron en su momento fueron el fomento de la calidad y el menor ataque criptogámico actual (ya se conocía el cobre contra el mildiu y el azufre contra el oídio).

Solo faltaba erradicar los cultivos ya existentes por lo que se empieza a pagar por el arranque: se consigue en casi todos los sitios menos en Galicia pues había arraigado mucho este tipo de cepa por su adaptación y resistencia, dando vinos que gustaban por su gran riqueza colorante (los híbridos dan muchos polifenoles) a los que llamaban “manchamorros” o “pintalabios”.

Características

El sabor a bayas rojas y como a fresa, complejo y con bastantes matices, no es exclusivo del romano, existiendo otros HPD gallegos con éstas características.

Las uvas de romano, a pesar del hollejo grueso y las pepitas, también se emplean como uva de mesa. Estas vides son igualmente base de buenos aguardientes.

Es normal reproducirlas directamente por esquejado directo, sin emplear injertos.

Una de las razones clásicas para justificar la prohibición de su cultivo suele venir sobre la base de la sobre uva labrusca genera vinos con alto contenido en metanol, por lo que sus híbridos podrían tener esta característica, mucho más en el aguardiente. Sin embargo, salvo estas vaguedades, no conocemos datos concretos ni de análisis ni de posibles intoxicaciones. Es más, se dice que algunas variedades pueden producir una sustancia tóxica llamada “malvina”, que es la responsable de trastornos como dolores de cabeza y de estómago. También se le acusa de ser cancerígena. Pero no parecen ser datos contrastados.

En zonas como Suiza o Italia, existe un tipo de uva “romana”. Suele recibir el nombre de uva fresa o uva frambuesa. Suelen señalar que es bastante tóxica, prohibiéndose su vinificación. Tiene similitudes notables con nuestro “vino romano”. Vuelve a aparece esta supuesta toxicidad que, en todo caso, no conocemos que existan contrastes concretos con la realidad, a pesar de los muchos años que se viene empleando tanto como uva de mesa o para vinificación.

Se hicieron minuciosos estudios en la zona del Maestrazgo, Castellón (comparando con la Bobal) y no se pudo demostrar esa toxicidad.

Ya hemos señalado que este origen puede establecerse en que la uva de vitis labrusca da un vino con bastante alcohol metílico, por eso es tóxico. El otro motivo de la prohibición realmente es comercial, al tratarse no de una variedad de uva, sino a un híbrido.

En Italia hay una uva que llaman fragola, es decir fresa, por su sabor ¿será la misma se señala en Suiza?. En Andalucía también existe una uva a la que denominan “rome”, tinta y con vino de sabor afrutado, que parece, andaría en la línea de estos vinos. Recordemos que el gaditano Columela (De re rustica), tenía plantación de vino en Andalucía.

Consultando de forma informal con personal del EVEGA, señalan la probable tesis de  que el romano es un híbrido de vitis labrusca con, posiblemente, una variedad local (pero ¿cuál?), y que por los expertos no se considera que de buenos vinos… Descartan esta toxicidad, ni en principio con un producto cancerígeno que tiene algunas parras americanas y algunos híbridos.

Luis Hidalgo en su “Tratado de viticultura general” señala que los híbridos que quedan en Pontevedra, León y Zamora son: Jacquez, Barcelonés, Catalán blanco, Catalán roxo, Catalán tinto, Folla del alamo y otros. Habla de los HPD pero no de las variedades europeas hibridadas.

El vino “Catalán”

Dentro de este nombre genérico se suelen incluir vinos, algunos de procedencia indeterminada, soliendo diferenciarse entre “catalán blanco” y “catalán tinto” (o negro), así como el “catalán roxo”. Suelen incluir realmente variedades como cariñena blanca, aunque es habitual que se planten sin injertar y que existan también dentro de esta “denominación” plantas híbridas. Algunos identifican dentro de estos vinos la variedad “Isabelle”, prohibida en la EU.

Entre otros HPD se habla del la uva de “Folla redonda” (manchamorros), o de “tintorera”  (la del tinto Barrantes, por la comarca de El Salnés, por ejemplo, donde el catalán también recibe el nombre de Corinto)… también muy apreciada por la gente de esa zona.

El catalán es una uva dulce con un hollejo incomible que se separa fácilmente de la baya, este hollejo hace un aguardiente muy bueno. –Para algunos la verdadera queimada tiene que hacerse únicamente con aguardiente de Barrantes-.

El catalán negro es el que menos alcohol tiene y ha de ser mezclado con otras uvas para hacer un vino que no se estropee. El rojo hace un vino fresco, ácido, bueno para el verano, pero no apto para todos los paladares que lo encuentran muy ácido. Sin embargo es una magnífica uva de mesa. Al catalán negro, se le suele recomendar una poda tardía, cuando la cepa comienza a brotar porque la cosecha es mejor.

La uva “manchamorros” o de “folla redonda” no se parece en nada a la uva “catalán negra”, esta última es más grande, su tonalidad es diferente y también el sabor. Cuando se utiliza solamente esta variedad resulta un vino tan espeso que casi se puede cortar, perfumado y muy aromático, de buena graduación. El catalán negro por sí solo, no suele emplearse para hacer vino, debido a su baja graduación alcohólica, la uva es más grande y más dulce, es completamente distinta a la otra, el racimo tiene menos bayas, y en tierras muy fértiles el “manchamorros” tiene un racimo más largo y lleno, y la parra de c. negro es menos productiva (tanto en comparación con la manchamorros, como con la c. roja, cuyo racimo es más grande y la parra más generosa). Si mezclamos catalán rojo con negro obtenemos un vino con mas cuerpo y mejor color, como uva de mesa es magnífica; tiene una poda más larga que la cepa catalana roja (a tres yemas, la negra a cuatro yemas).

Se suele realizar una poda “muy, muy corta”, dejando numerosos sarmientos en la cepa manchamorros y obtiene unas cosechas magníficas, con ello se ahorra el tener que atar el sarmiento y evita que se rompa con el viento.

La uva C. negra hace un vino riquísimo y muy dulce, pero que su conservación no llega al año de duración. ¿Es el c. negro lo mismo que el romano?,  dentro de esta confusión todo parece indicar que no es así.

 

Parra de catalán negro de unos 70 años de edad.

Esta vid da ella sola de 250 l a 300 l de este vino. Uva sabrosa que desprende un aroma afrutado característico y muy potente, incluso detectable a distancia.
Con esta uva se hace también lo que se suele denominar “vino de lágrima” un vino que se consume pronto para no dejar que coja color y que la acidez sea muy baja. Es un vino blanco que aquí se le suele llamar “Clarete”.

 

Parra de “catalán rojo” similar al negro pero de uva color roja. Recolección muy tardía y madura, debida a su acidez

El catálogo varietal del El Ercín, aunque no entra a nivel municipal, habla de Catalán negro y Romana de A Coruña, Catalán negro, Catalán Blanco y Folla Redonda de Pontevedra, así que tal vez sólo queda el Catalán Roxo.

 

El tinto de Barrantes

 

Los viticultores de Barrantes han cargado al máximo las tinajas para recoger los 2,5 millones de kilos de uvas que sus viñas han dado en la cosecha de 2010. Esto dice a las claras la importancia relativa de estos híbridos olvidados oficialmente, con prohibición de comercialización.

Apenas han tardado tres días pero la satisfacción es enorme pues además de la mayor producción, quinientas toneladas más que en 2009, han obtenido un fruto con nada menos que 12,5 grados de alcohol, lo que le imprime una calidad excelente, pues es grado y medio más que en la anterior campaña.

El buen tiempo que ha permitido una total maduración de los racimos parece estar detrás de la calidad de la cosecha de todo tipo de vinos en una campaña que seguro va a ser calificada de excelente. En el caso del tinto de Barrantes también es de destacar que no resultó afectado por ninguna de las plagas de la vid, como mildiu o botritis, gracias a la resistencia de esta planta. Aquí quizás, de forma mal intencionado, puede que se encuentre parte de la presión para su no “legalización”, los grandes movimientos económicos que implican el empleo sistemático e indiscriminado de fitosanitarios.

Pero el “manchamorros” de O Salnés va a seguir discriminado pues ni por asomo se ve la intención de las autoridades de reconocer este vino híbrido, presente en todos los hogares de la comarca. Los propios viticultores resaltan que van a elaborar un caldo que aunque no cuenta con el favor institucional nada tiene que ver con algunos vinos de mesa que se comercializan en cartones.

Manuel Abuín “Piris”, uno de los mayores defensores del tinto de Barrantes, recalca que se trata de un vino exquisito, con un sabor afrutado muy especial, que suele ser muy apreciado por el consumidor, aunque no puede distribuirse por los cauces tradicionales del mercado.

Así, los casi dos millones de litros de Barrantes deberán venderse o en las propias casas o por medio de los “furanchos” que proliferan en la comarca y la provincia. También las fiestas gastronómicas se convierten en buenos cauces para consumir los excedentes.

Y es que los propietarios de vides de Barrantes producen mucho más vino del que se consume en su propia casa. El propio “Piris” señala que si el año 2009 ha recogido cien “capachos” de uva, en el 2010 obtuvo 200, por lo que le va a sobrar una gran cantidad de vino.

Respecto a la vendimia, Manuel Abuín afirma que la de uva tinta de Barrantes se ha recogido prácticamente toda. “Se trata de una labor que lleva dos o tres días porque ahora se contrata a ocho o diez jornaleros. Ahora es más un entretenimiento que un trabajo propiamente dicho”.

Afirma que la labor más importante comienza ahora pues en estos días se procede al volcado de las tinajas con las uvas en los toneles, para su fermentación y siguiente elaboración del vino.

Se trata de una tarea que puede llevar más de un mes y que significa la parte “quizás más ingrata” para el viticultor, no en vano el Barrantes es un vino artesanal que no llega a las mecanizadas bodegas que existen en la comarca.

Pensemos que el albariño, en el 2008, alcanza la cantidad de 28 millones de kilos de uva, una cantidad muy similar a la de 2006, cuando se recogieron 30 millones. (Cantidades no oficiales)

Precisamente éste es el factor que diferencia a los vinos de Barrantes con el albariño y que los viticultores quieren convertir en ventaja para su futura producción.

El hecho de que las Administraciones no quieran proteger esta uva permite a los dueños de fincas de la comarca ampliar sus plantaciones, ya que no existen indicaciones que lo prohíban. Manuel Abuín afirma que son muchos los viticultores que han aumentado el número de cepas, por lo que la producción podría ir en aumento debido a la demanda de este tipo de vino.

Debido a esta demanda paralela al mercado oficial, hace que al agricultor le pueda compensar vender directamente este vino, que además es el que bebe de forma cotidiana en su casa, a la alternativa de vender directamente la uva a las grandes bodegas, con precios normalmente bajos. Evitando así de paso el lioso sistema de los derechos de plantación, aún con sus múltiples irregularidades.

“Piris” cree en el futuro de este exquisito vino, si bien el aumento del número de botellas les obligará a abrir otros canales de distribución. Considera que en estos momentos se producen litros suficientes para abastecer a Galicia, si bien no podría salir de este ámbito geográfico.

Esa posibilidad sólo sería viable si las Administraciones confieren al Barrantes un sello propio y se permite su comercialización en tiendas y supermercados, algo vetado en estos momentos. No es extraño que en la comarca muchos sigan sorprendidos por el hecho de que se autoricen vinos de mesa que “si llevan algo de uva es muy poca” y en cambio se prohíba un vino exquisito, sin añadidos ni conservantes, que por otra parte es aconsejado y bebido por muchos cardiólogos.

Conclusion:

Entre expertos en enología se suele despreciar la calidad de los vinos procedentes de HPD, y puede que objetivamente sea así, pero también hay que respetar la iniciativa individual y de gentes de comarcas concretas, que han desarrollado varietales híbridos que se adaptan a las condiciones específicas y que tienen su singularidad e interés. Parece incorrecto que se pretenda imponer a la gente de la comarca de Salnés y otras similares que no cultiven Folla redonda para su barrantes, ya tradicional allí y apreciado por la gente (no confundir con la marca de albariño homónima), incluso prohibiendo su comercialización. Si se han permitido por la UE algunos híbridos a partir de vitis vinifera es porque en Francia y en Alemania hay un cultivo nada despreciable (aunque minoritario) de algunas HPD, con las que se hace vino, y ellos tienen capacidad de presión; en España, Ministerio y consejos reguladores de denominaciones de origen han decidido o presionado para lo contrario. En el caso de los consejos regulares me parece comprensible que se regule la producción de vino a partir de variedades tradicionales de la zona, o incluso se incluyan algunas foráneas (como sauvignon blanc en Rueda, o las ya habituales cabernet sauvignon, merlot… incluso chardonnay en otros Consejos) con buenos resultados en cada caso, pero es un tanto hipócrita que se persiga la producción casera y minoritaria de otras variedades. Es importante que no se pierdan variedades tradicionales como prieto picudo en León/Zamora o muchas gallegas ahora poco cultivadas como espadeiro, sousón, y un largo etc. de magníficas variedades ahora desplazadas por el creciente cultivo de las excelentes albariño y mencía (no olvidemos que hace pocos años incluso la albariño era algo minoritaria y casi ha habido que “recuperarla”); por otra parte, el ingente patrimonio genético que supone todas esas variedades minoritarias, o incluso (y más aún) el de los híbridos, suponen una garantía ante plagas y. Comprendemos que, en parte, es necesario el promocionar las mejoras varietales y que si ahora se produce tanto y tan buen vino en Galicia es porque así se ha hecho, a costa de reducir progresivamente el cultivo de variedades peor adaptadas, aunque fueran buenas (como el caso de la palomino, antes bastante abundante en el sur de Galicia, a costa de las propias)

En suma, parece fundada la conservación de esos HPD por los campesinos que gustan de sus propias variedades, que tampoco se trata de hacer un vino de a 30 ó 100 euros la botella en cada esquina, también es necesario el vino de consumo diario con una relación calidad-precio adecuada, además del derecho a la biodiversidad en el agro, a la propia producción casera, etc, todo eso que estamos perdiendo con el llamado desarrollo económico.

Bibliografía básica:

-MARTÍNEZ, M.C.; PÉREZ, J.E. et al. (1995): “Catalán Blanco”, “Catalán Roxo”, “Folla Redonda”: Vitis Vinifera o hibridos productores directos? en: Investigación Agraria. Producción y Protección Vegetales, 10 (1), p.5-14

- Luis Hidalgo. “Tratado de viticultura general”

(Textos provenientes del foro de Inforjardín “Uva Romana”, cuyos autores son, entre otros: Os Castros, Francisco Figueroa, Andrés García, Carles, Mª del Carmen Vidal –entre otros-). Además de algún extracto de prensa.

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Sobre vinos “que saben a fresa”

Lo siguiente es de Francisco Figueroa:

Las uvas que saben a fresa probablemente sean del tipo norteamericanas o más concretamente híbridos de producción directa, HPD, en que interviene la Vitis labrusca, una de las especies de vid silvestres norteamericana resitentes a la filoxera y a las heladas. Hay variedades seleccionadas como la Isabella, la Concord, etc..).

El caso es que varias especies de Norteamérica se emplearon como patrón resistente a la filoxera cuando esta enfermedad asoló los viñedos europeos, y se sacaron híbridos, HPD, como potenciales resistentes a la filoxera, algunos como la uva Romano, del norte de Coruña (que no tiene nada que ver con Roma, con lo romanos ni con Italia, ni con el vino lambrusco), o las diferentes Catalán, como la roxo, negro y blanco (que tampoco tiene nada que ver con Cataluña, ni con la uva Cariñena, que a veces se denomina Catalán), y también la folla redonda o manchamorroa, que se usa en la península de O Salnés (Pontevedra) para hacer el vino tinto Barrantes de aquella comarca (no confundir con la marca Pazo Barrantes, uno de los mejores vinos blancos gallegos, en mi opinión, y que no usa HPD). Los HPD tienen prohibido su comercialización en la Unión Europea, a excepción de Francia y Alemania, por lo que tengo entendido, por presión del lobby del vino de los cultivadores de allí. También había, y algo queda, de HPD en Valencia, entre otros lugares.

Aquí es como dice Luigi en Italia, que la consigna oficial es arrancar esas vides, aunque no están prohibidas para consumo particular (faltaría más). Nada de metílico, lo que ocurre es que algunas de esas uvas norteamericanas, como la Vitis labrusca, tienen compuestos sopechosos de ser cancerígenos, sin embargo a mí me han comentado expertos que la uva romano, no tiene ese problema (dejo a cada cual su criterio y decisión al respecto si quieren o no asumir riesgos, las noticias son verbales…).
El sabor recuerda a fresa o como a frutos del bosque.

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Chaptalización con vino Romano

Resumo lo que dice el conocido libro (y yo diría que imprescindible) de Carlos Pérez y Juan Luis Gervas “elaboración artesanal del vino”.

http://www.casadellibro.com/libro-el…/2900000607220

Si os meteis en el mundo del vino a nivel “casero” y para iniciarse en este mundo, merece mucho la pena y es relativamente barato

Vamos a lo que vamos: Corrección de grado

Cuando el año viene “chungo” (no es el caso éste), y nos encontramos que necesitamos vendimiar uvas con menos de 10º dulce o Beaumé (hay que comprar un refractómetro o llevar unas uvas a tiendas enológicas, os lo analizan gratis), esto nos lleva indefectiblemente a vinos con menos de 10º de alcohol y alta acidez.
La corrección más sencilla es añadir azucar al mosto (chaptalización en honor a Chaptal -1801-). Este azucar es el de consumo humano, lo tranforma enseguida el mosto (no es detectable en análisis normales) y se suma al azucar normal de la uva, aumentando el grado alcohólico.
No es tanto chollo como parece: se consigue el grado alcohólico pero, como la uva no ha madurado lo suficiente, perdemos los aromas y sabores más finos del vino. Pero, si esta adicción se hace de manera contenida y controlada, mejoramos la armonía gustativa del vino, que sería muy desequilibrado, como suele ocurrir con los HPD.
Lo más importante: no pasarse con el azucar, ya que, en caso contrario, en vez de armonizar lo acabamos de desequilibrar.
Límites: corregir de 1 a 1.5 grados alcohólicos, aunque se podría llegar a 2º en casos muy extremos con poca maduración.
La fórmula no es constante ni exacta, pero sí bastante aproximada:

- 18-20 gramos de azucar x litro de mosto líquido para subir un grado. Normalmente 18 gr/litro en blanco y 20 gr/litro en tinto.
Ojo, en tinto se echa en la tinaja con el mosto y pasta estrujada. La fórmula hay que hacerla sobre mosto líquido, que aún no tenemos, por lo que podemos calcular que hay un 20-25% de orujos, que habrá que descontar del volumen total de la tina.
Por otra parte conviene llevar la fermentación a la mínima temperatura posible (en caso de poco grado alcohólico), porque así se produce más alcohol y se compensa en parte en natural desequilibrio de las uvas.

Independientemente de lo anterior:
-Esta técnica está prohibida en muchas DO, por ejemplo en España (Aunque dicen las malas lenguas que, en zonas de vino, en septiembre se compra mucho azucar)
-En nuestra zona, para aumentar el grado de forma natural: variedades adecuadas, manejo de follaje adecuado, desnietado, clareo de racimos y vendimia lo más tardía posible.

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